La ausencia del padre de Victoria, que vivía con su amante, además de la estrecha relación que su madre mantenía con el tesorero de la casa, John Conroy, dieron pábulo a los rumores de que este último era el verdadero padre de la futura reina, a pesar de que esta tenía los rasgos propios de los Hannover, la dinastía que gobernaba Inglaterra desde principios del siglo XVIII. Cierto o no, Victoria le despidió fulminantemente nada más ocupar el trono. Quizá estos primeros modelos masculinos que conoció la joven reina podrían explicar por qué fue siempre tan intransigente con la infidelidad y no dejó nunca que ningún ministro la dominara.
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