Uno no olvida nunca la primera sensación que experimenta al pasear por primera vez por la galería central del Museo del Prado. Minerva, nieta de Juan Eslava Galán, tampoco lo hará. A los cuatro días de nacer, su abuelo la inscribió en la Fundación Amigos de la pinacoteca. Juntos la visitan siempre que pueden y recorren sus salas, un “cofre precioso”, en palabras del escritor, y un “archivo de la historia de España”.

En uno de aquellos paseos, la niña preguntó a Eslava Galán si lo que tenían ante sus ojos podía considerarse “el álbum de retratos de la familia” de los reyes expuestos. El apunte inspiró al autor de En busca del unicornio e Historia de España contada para escépticos –entre otros muchos títulos– su último libro, La familia del Prado (Planeta). Un recorrido por el museo de los Austrias y Borbones a través de los cuadros que atesora, que también conmemora el 200 aniversario de la pinacoteca.

El escritor, con el número 240 de "La Aventura de la Historia", dedicado a los tercios de Flandes, en la sala de las musas del Museo del Prado.
El escritor, con el número 240 de «La Aventura de la Historia», dedicado a los tercios de Flandes, en la sala de las musas del Museo del Prado.

Escrito a partir de testimonios históricos (relatos de personajes de la corte, embajadores extranjeros…), pero también de cotilleos, el volumen no es una historia de España, pero sí “de la cotidianidad del personaje”. “Los chismes tienen mucho valor”, explica Eslava Galán en un encuentro con La Aventura de la Historia, “porque para entender un personaje hay que conocer también su intrahistoria. El personaje real tiene obviamente una fachada de cara al exterior, que es la fachada con la que posa, con esos trajes espléndidos. Pero luego hay que conocer su recámara”.

Así, para el escritor no se puede entender el gesto serio, adusto, de Felipe II, sin intentar comprender “el desgarro que tuvo que sentir como padre” al descubrir que no podría transmitir el trono a su hijo Carlos, hijo de su primer matrimonio con María Manuela de Portugal. “Un tío que estaba loco”, al que le gustaba asar liebres vivas y entre cuyas “gamberradas más celebradas figuró la de cegar a los caballos de los establos reales”. Capaz de hacer perder los nervios a su abuelo Carlos V, “solo viendo la intrahistoria de esta familia nos damos cuenta también de que son personas con los sentimientos, complejos y problemas que tiene cualquier hijo de vecino. Siempre vemos de modo mayestático a los reyes. Yo he querido ponerlos a pie de calle, para que veamos a la persona, no al personaje”.

"La Gloria", de Tiziano, 1551-1554, obra en la que Carlos V aparece junto a sus seres más queridos, entre ellos Felipe II y su esposa Isabel de Portugal.
«La Gloria», de Tiziano, 1551-1554, obra en la que Carlos V aparece junto a sus seres más queridos, entre ellos Felipe II y su esposa Isabel de Portugal.

Los bufones de Velázquez

El volumen arranca con Isabel la Católica y finaliza con el lienzo que Antonio López realizó de La familia de Juan Carlos I. Y está escrito con el característico estilo “desenfadado” de su autor. “Muchas veces hay episodios históricos que dan pie al humor”, explica Eslava Galán. “En numerosas ocasiones hacemos una historia excesivamente académica, que soslaya esos aspectos humorísticos y anecdóticos. Por ejemplo, cuando vienen reinas del extranjero que se casan en un pueblecito. Uno se pregunta, ¿por qué no se casan en la corte o en un sitio más importante? Generalmente ya vienen casados por poderes, pero la misa de velaciones se hacía en un pueblecito. ¿Por qué? Normalmente, la historia no lo explica, pero es importante saber que el sitio donde había una boda real quedaba exento de impuestos. Si la organizaban en una ciudad grande, el fisco perdía una enorme recaudación. En este libro quiero subrayar estos datos, que son muy interesantes y humanos”.

"Vista del jardín de la Villa Medici en Roma", Velázquez, hacia 1630.
«Vista del jardín de la Villa Medici en Roma», Velázquez, hacia 1630.

Pero en La familia del Prado no solo aparecen reyes. También lo hacen numerosísimos personajes secundarios, por los que el autor siente predilección. Especialmente por los que retrató Velázquez, del que es un gran admirador. “Es un pintor que no hace mucha producción, tiene unos cien cuadros. Pero de vez en cuando, de propio intento, retrata bufones. Ningún pintor lo hace hasta él. Y Velázquez lo realiza con una gran dignidad. No se pintan para hacer reír al espectador, sino para retratar al personaje. Me parece entrañable”, continúa Eslava Galán, “como me parecen admirables los dos apuntes de la Villa de Médicis que realizó como un entretenimiento y con los que ya prefiguró el impresionismo”.

En las páginas del libro, Eslava Galán también reivindica “el papel de la mujer en la historia” y desmitifica la presunta vida idealizada de las reinas y princesas, que para el escritor fueron “realmente unas víctimas”.

Reinas desdichadas

“Desde el momento de su nacimiento, ya estaban ‘colocadas’ en una corte extranjera. Se iban a desposar con alguien porque convenía. Después de casarse, su única obligación era estar siempre preñadas y dar a luz. Hubo reinas que tuvieron veintitantos hijos, muchos de los cuales se perdían en el parto o en la infancia. Y luego tenían la desgracia de tener acceso a los médicos. Cuando eras pobre tenías muchas más posibilidades de sobrevivir, porque los galenos lo arreglaban todo con la teoría de los cuatro humores y sangrando al enfermo, que se debilitaba y moría o se infectaba. En el libro yo intento quebrar una lanza por ellas”. Ejemplo de aquellas vidas desdichadas es –entre las muchas que aparecen– la princesa Margarita, protagonista de Las meninas. “Una chica desgarbada”, que murió a los veintiún años, después de tener que irse a una corte extranjera, como pieza de intercambio en el juego político de alianzas europeo.

"María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado", por Bernardo López Piquer, 1829.
«María Isabel de Braganza como fundadora del Museo del Prado», por Bernardo López Piquer, 1829.

Y como prototipo de grandes reinas hoy casi olvidadas, Eslava Galán destaca a María Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII. “Una mujer inteligentísima que, tras el fin de la guerra de Independencia, descubrió en El Escorial, que los franceses habían convertido en un cuartel, un montón de cuadros almacenados que habían sobrevivido al saqueo. Algunos estaban allí desde el incendio del Alcázar. María Isabel –destaca el escritor– apreció el valor de las obras y la huella en muchas de ellas de grandes maestros. Y se empeñó en reconvertir el edificio, diseñado por Juan de Villanueva en 1785 como Gabinete de Ciencias Naturales, en un museo de pinturas y esculturas. Aquella decisión salvó de una más que probable destrucción muchas de las joyas que hoy atesora la pinacoteca”. La reina no pudo disfrutarla, ya que murió antes de que se inaugurara. “Pero gracias a ella –sentencia Eslava Galán–, tenemos lo que tenemos”.

Óscar Medel

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 242.

La familia del Prado

Juan Eslava Galán
Barcelona, Planeta, 2018
448 págs., 21 €

Portada de "La familia del Prado", de Juan Eslava Galán (Planeta).
Portada de «La familia del Prado», de Juan Eslava Galán (Planeta).

 

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