Solo unos cuantos privilegiados pueden contar a las generaciones más jóvenes, que ellos o ellas pudieron conocer, hablar, palpar a una de sus heroínas. Por ello, siento un privilegio inmenso en tener aquí la oportunidad de escribir unas líneas, seguramente insuficientes para sus méritos, sobre Juana Doña. Juana Doña fue una luchadora infatigable, una mujer comprensiva, una persona de bien que se enfrentó a la dictadura desde todos los frentes posibles pero, sobre todo, cargada con un arma letal contra el fascismo: la palabra.
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