"El volcán Kilauea de día", por Titian Ramsay Peale, 1842, óleo sobre lienzo, Pauahi Bernice Bishop Museum.

Aunque los vestigios más antiguos de la actividad del volcán Kilauea, en las islas Hawái, se estima que se remontan a alrededor de 300.000 años, no fue hasta el 2 de junio de 1823 cuando se produjo la primera erupción documentada, en la que el flujo de lava surgido de una grieta de diez kilómetros de largo arrasó una aldea costera en la bahía de Mahuka, como describió en sus anotaciones el reverendo inglés William Ellis. Desde entonces, la actividad piroclástica del Kilauea ha sido frecuente, siendo la más reciente la que empezó a principios del pasado mes de mayo.

También en junio, el día 8, pero de 1783, se inició, a muchos miles de kilómetros, en Islandia, el episodio vulcanológico más nocivo que, probablemente, ha sufrido Europa. Una fractura en el volcán Grimsvötn, perteneciente al sistema volcánico de Laki, provocó la apertura de 130 cráteres por los que ascendieron a la superficie, a lo largo de ocho meses, hasta 14 kilómetros cúbicos de lava basáltica.

Durante ese tiempo se emitieron gases tóxicos que acabaron con el 20 por ciento de la población islandesa y llegaron, según quedó documentado por distintos testimonios, a lugares tan distantes como París, el norte de Italia o San Petersburgo, donde el físico Leonhard Euler dejó un relato de la llegada, el día 26, de la nube ácida a la ciudad rusa.

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