Dos tipos de nobles podemos encontrar en tiempos de Cervantes: los Grandes de España, poseedores de títulos, tierras y patrimonio, verdaderos nobles o aristócratas, y los hidalgos. El hidalgo formaba parte de una nobleza no titulada, cuyo único mérito consistía en descender de familia hidalga –los llamados “hidalgos de sangre” o “infanzones”–, poseer casa solariega o haber nacido en determinados lugares a los que el rey hubiera concedido tal privilegio.
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