Solo queda harina para tres días más”. Este anuncio hecho por Salvador Allende el 9 de septiembre de 1973, tres días antes del golpe de Estado, era el reconocimiento del fracaso de su proyecto político y la comprobación de que la ideología desnuda, cuando no tiene asidero en la realidad, es inútil. Que no hubiera pan en el país de la revolución “con vino y empanadas” que Allende había prometido, subraya el descalabro en el que se encontraba la economía. El presidente pasaba horas al teléfono persuadiendo a países amigos para que le enviaran harina, mientras en el campo chileno florecían los cardos.
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