Es, probablemente, la frase más famosa y repetida de la historia de Francia. Se le atribuye a Luis XIV, el Gran Rey, el Rey Sol, el más valorado por sus paisanos después de Carlomagno, el impulsor que colocó a Francia en la órbita de la grandeur, y de la hegemonía en Europa durante siglo y medio (la Europa que hablaba francés…). El rey de los tratados de Westfalia (1648, en su minoría de edad) y de los Pirineos (1659), en los que se fijaron los límites del Exágono para los restos [el gran designio nacional, el achèvement (acabamiento) de la France]. El paradigma del absolutismo monárquico.
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