“Paisanos míos, a los que Bílbilis Augusta engendra en el abrupto monte que baña el Jalón con sus rápidas aguas: ¿no os causa contento la radiante gloria de vuestro poeta? Pues soy vuestra prez y vuestra reputación y fama, y no debe más su Verona natal al sutil Catulo y estaría encantada de que me llamaran suyo”. En el libro décimo de su epigrama, el gran poeta Marco Valerio Marcial anuncia su retorno a sus compatriotas, tras treinta y cuatro años de estancia en Roma, para pasar en su ciudad natal los últimos años de su vida.

La actual ciudad de Bílbilis (reconstrucción en la imagen superior) se encuentra en la provincia de Zaragoza, muy cerca de Calatayud. Antes de romanizarse, los bilbilitanos formaban parte de la tribu de los lusones, tribu celtíbera encuadrada en la Hispania Citerior. Los lusones ocupaban un territorio cuya capitalidad ostentaba precisamente Bílbilis, que se extendía por las riberas del Jalón y del Jiloca. Entre los años 19 y 17 a.C., Octaviano y su inseparable general Marco Agripa culminan las últimas campañas de conquistas en el norte de Hispania. Una vez convertido en César Augusto, reordenó los territorios conquistados por Roma.

A partir del año 29 a.C., Hispania queda dividida en tres provincias: Bética, Tarraconenses y Lusitania. La subdivisión administrativa en conventos jurídicos permite el ascenso de pequeñas poblaciones como Salduie al rango de Colonia Caesaraugusta y, en torno a ella, Bílbilis pasó de ser Bílbilis Itálica a la categoría de Municipium Augusta Bilbilis.

Vista general de la zona en la que se ubicaría (parte superior de la foto) el foro de Bílbilis.
Vista general de la zona en la que se ubicaría (parte superior de la foto) el foro de Bílbilis.

En tiempos de Marcial, Bílbilis era una activa e industriosa ciudad de unos 3.500 a 4.000 habitantes, situada en el cerro de Bámbola. La ciudad se estructuró al modo y pensamiento romano, imitando a Caesaraugusta o Tarraco. Tras el esplendor del siglo I, Bílbilis inicia una austeridad forzada que quedaría patente en todos los ámbitos. Ya en época visigoda (siglos IV-VIII) sigue habitada por una escasa población, que desapareció con la llegada de los musulmanes en 714.

Redescubrimiento

Las primeras excavaciones fueron dirigidas por Narciso Sentenach y Cabañas, a través de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, en 1917. Los arqueólogos se centraron en el foro, el teatro y el templo principal, encontrando algunos materiales que se enviaron al Museo Arqueológico de Madrid. En 1931, el yacimiento fue declarado Monumento Histórico-Artístico. La segunda campaña arqueológica llegó en los años 1933-34, esta vez bajo la dirección del alemán Adolf Schulten.

Desde 1965, las campañas de excavaciones, que aún se mantienen, apoyadas por diversas instituciones como el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento de Calatayud o la Universidad de Zaragoza, están codirigidas por el catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Zaragoza Manuel Martín-Bueno y, desde el 2010, por Carlos Sáenz Preciado. Han tenido que pasar casi dos mil años para que Bílbilis saliera de su letargo. En primer lugar, impresiona el enclave en el que se asientan las magníficas ruinas, en el corazón de la Celtiberia, lo que hoy es el campo de Cariñena, en el camino a Caesaraugusta.

Cabeza velada de Augusto hallada en el yacimiento de Bílbilis. Museo de Calatayud.
Cabeza velada de Augusto hallada en el yacimiento de Bílbilis en 2009. Museo de Calatayud.

En segundo lugar, asombra el carácter monumental de la ciudad. La parte central estaba reservada para el espacio ciudadano por excelencia, el foro. Ocupaba la parte superior del montículo de Santa Bárbara y se articulaba en torno a dos espacios bien delimitados: uno, reservado al templo, que se erigió en la parte más alta, dominando el conjunto, y otro destinado a una gran plaza a sus pies, rodeada de pórticos y edificios públicos. Su construcción se acometió en los primeros tiempos de la dinastía Julio-Claudia, habiendo sido programada en época de Augusto.

El teatro

Junto al foro, unido mediante pórticos, se situaba el teatro, imprescindible en todas las ciudades por reducida que fuese su importancia. Se sitúa en un profundo barranco entre el montículo de Santa Bárbara, ocupado por el foro, y el cerro de la Bámbola. Se calcula que tuvo un aforo de 4.622 espectadores, que se podían distribuir en treinta gradas, capacidad deliberadamente sobredimensionada, pues debemos concebirlo como un edificio de carácter comarcal. El conjunto contaba con una gran cisterna de almacenamiento de agua situada en el extremo este del graderío, donde limitaba el recorrido de la cripta, que debió de servir para las aspersiones de perfumes (sparsiones) o quizá para los surtidores ornamentales. Su construcción se inició, con la elevación de infraestructuras y graderío, en época de Augusto o en los primeros años del reinado de Tiberio.

Al noreste de la ciudad se encuentra el “barrio de las Termas”. La primera fase de los baños públicos era muy simple. Estaba formada por dos salas, un caldario (para baños calientes) y un tepidario (baños templados); en la segunda fase se ampliaron todas las salas hacia el norte y se varió el circuito añadiendo el frigidario (baños fríos), el vestuario (apodyterium), letrinas, etc.

Termas encontradas en Bílbilis.
Termas encontradas en Bílbilis.

El conjunto estuvo en uso desde época de Augusto, cuando se erigió el primer establecimiento, hasta el siglo II, siendo posteriormente fue modificado para otros fines. A sus pies discurría el cardo máximo, que unía las termas, el foro y las barriadas orientales de la ciudad, lo cual es un indicio de que nos encontramos con lo que debió ser un barrio residencial, con viviendas de varios pisos y fachadas comerciales con locales para estos menesteres. Uno de estos edificios, conocido como Domus de la signina, es un ejemplo de casa de grandes dimensiones, de riqueza singular y refinamiento digno de un patricio de la misma Roma. En la planta inferior se encontró un balneum (cuarto de baño privado), estancia inusual en una vivienda, provisto de bañera y letrina. Asimismo, el edificio posee los restos de un conjunto pictórico de extraordinaria calidad técnica e iconográfica, de los estilos pompeyanos III-IV.

El Museo de Calatayud, inaugurado en el año 1972, expone la mayoría de los restos arqueológicos encontrados en Bílbilis, entre los que destaca el conjunto de pintura mural y la cabeza de Augusto –capite velato– hallada en 2009. Bílbilis es uno de los yacimientos más importantes de Aragón y uno de los enclaves arqueológicos que cuenta en España con una bibliografía más dilatada y una atención científica permanente.

José Antonio Val Lisa

* Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 228.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here