En contraste con las principales mezquitas de Estambul, no puede decirse que los trabajos de conservación de Santa Sofía fueran hasta hace poco suficientes para atajar el deterioro del edificio. Las palomas volaban por su interior y abundaban los desconchones. Todo se remedió en la primera década del siglo XXI, y particularmente desde que la ciudad fuese elegida como capital europea de la cultura en 2010. Al mismo tiempo que se emprendió una importante obra de consolidación de las estructuras, se acrecentó la búsqueda de los mosaicos bizantinos, enyesados después de la conquista otomana de 1453.
Este contenido no está disponible para ti. Puedes registrarte o ampliar tu suscripción para verlo. Si ya eres usuario puedes acceder introduciendo tu usuario y contraseña a continuación:






