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Fotograma de "La princesa prometida". Cary Elwes y Robin Wright, en los papeles de Westley y la bella Buttercup.

William Goldman, autor de la novela La princesa prometida (1973), no fue un desconocido para el aficionado a la historia. Fue él quien adaptó al cine Un puente demasiado lejano, la obra de Cornelius Ryan sobre el desarrollo de la Operación Market Garden en la II Guerra Mundial (ver La Aventura de la Historia, núm. 227). También fue el guionista de Todos los hombres del presidente, sobre el caso Watergate y la investigación periodística que obligó a dimitir a Richard Nixon de la presidencia de Estados Unidos, y, entre otras, del western Dos hombres y un destino. Las dos últimas le hicieron merecedor del Oscar al mejor guión –adaptado y original– en 1976 y 1969.

Sin embargo, su éxito más universal no le llegaría por una película, sino por la mencionada La princesa prometida, que desde su publicación se convirtió en un clásico de la literatura fantástica y, años después (1987), en una cinta homónima dirigida por Rob Reiner y con guión del propio Goldman.

La obra, un cuento de hadas ambientado en el ficticio reino de Florín (“antes de que se formara Europa”), marcó a fuego y espada el imaginario de generaciones de niños y adolescentes cautivados por los avatares de la historia de amor verdadero entre Westley y la bella Buttercup y sus aventuras con el espadachín español Íñigo Montoya, el astuto siciliano Vizzini y el griego Fezzi, el hombre más fuerte del mundo.

Fotograma de "La princesa prometida". Mandy Patinkin, interpretando al espadachín español Íñigo Montoya.
Fotograma de “La princesa prometida”. Mandy Patinkin, interpretando al espadachín español Íñigo Montoya.

O lo que es lo mismo –como han estudiado, entre otros, Emilio Pascual Barciela–, por los mismos motivos literarios presentes en las novelas griegas de la Antigüedad: el encanto de los protagonistas, su enamoramiento y posterior separación, las aventuras y desventuras de la pareja, la intervención de bandidos y personajes fantásticos en la trama, y el redescubrimiento y reencuentro –anagnórisis– de los amantes.

Goldman alumbró un relato con distintos niveles de lectura, atribuyéndoselo al inexistente escritor S. Morgenstern –en homenaje a Johann Karl Simon Morgenstern (1770-1852), padre del concepto de “novela de formación”– y en el que rindió tributo a grandes de la novela histórica como Scott, Dumas y Víctor Hugo.

El guionista y escritor falleció en Nueva York 15 de noviembre de 2018.

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