En las fiestas de moros y cristianos de Sax (Alicante), los principales actos tienen su origen en otros festejos anteriores, de índole religiosa, militar y popular. Al añadirle las embajadas, en el primer tercio del siglo XIX, a raíz de la guerra de la Independencia –en la que se identifica al invasor francés con el “moro”–, se dio principio a una nueva fiesta, más espectacular, en pleno Romanticismo, con la que todos los participantes, el pueblo entero, se identificarían.

Portada programa de fiestas de San Blas, 1919.

Así, las fiestas de moros y cristianos se añadieron a las fiestas reales y a las procesiones y romerías de la fiesta patronal, y la soldadesca que las acompañaba disparando los arcabuces se dividió en dos comparsas, una de moros y otra de cristianos, a las que en el siglo XIX se les añadieron otras más. Las fiestas de moros y cristianos de Sax, en honor a san Blas, tienen su origen en 1627, cuando los sajeños prometieron en votos solemnes celebrar “desde ahora y para siempre” la festividad del día del citado santo, para demostrarle su devoción y agradecimiento por haberles librado de una epidemia de “garrotillo”, una de las variedades de la difteria.

El acuerdo del concejo fue ratificado en un Cabildo abierto, celebrado en la parroquia, donde todo el pueblo se comprometió con dichos votos. Desde esa fecha, a san Blas, a quien ya se tenía gran devoción en el siglo XVI por la reliquia que tenía el pueblo, se le dedicaron fiestas cuyos gastos los pagaban directamente los vecinos, sin intervención del Ayuntamiento.

El juramento de 1627 se renueva todos los años mediante un Cabildo abierto el último día feriado del año, el 26 de diciembre, donde se presentan las cuentas y los presupuestos ante el pueblo, pues el Cabildo de Sax está en proceso de ser declarado Bien de Interés Cultural Inmaterial.

En los siglos XVII y XVIII, los sajeños empezaron a dejar testimonios de su devoción por san Blas, como el acuerdo de 3 de febrero de 1752: “… para yr en Proçesion a la hermita del Señor San Blas a zelebrar su fiesta…”.

Ya desde comienzos del XVI estaban organizadas las milicias concejiles, que se reclutaban entre los vecinos de edades comprendidas entre los dieciocho y los cincuenta años, y en 1543 ya se documenta en Sax el alarde, formación en que se pasaba revista a los soldados y sus armas.

Desde mediados del siglo XVI está probada la presencia en la localidad de las milicias, con sus disparos de arcabucería en las procesiones. Lo demuestran las cuentas de 1567: “Trece reales y medio a Martín de Ganga, maeso de hacer pólvora de seis libras y doze honças de pólvora que dio a los arcabuceros que acompañaron la prosesión del día de Nuestra Señora de Agosto porque es costumbre antigua en esta villa que salen arcabuceros acompañando la prosesión”.

Embajadas 

En el primer tercio del siglo XIX, la soldadesca evolucionó a moros y cristianos, al dividirse en dos compañías o comparsas, que participarían en las fiestas de san Blas. Estas fechas coinciden con las apuntadas por Domene Verdú, entre 1810 y 1815, años en los que sitúa el origen cronológico de los textos de las embajadas de Sax, Petrer y Villena, elemento indispensable, junto con el castillo de embajadas, para conformar una fiesta de moros y cristianos.

La estructura militar de las milicias concejiles de Sax, de las que las comparsas de las fiestas de moros y cristianos son herederas, se ha mantenido hasta nuestros días. Ahí están para corroborarlo las figuras de los capitanes, con sus bandas acreditativas –uno de ellos portador de la bandera, como el alférez, de donde se conserva el ruedo de banderas–, el sargento, los pajes –herederos de los “pajes de rodela” de los tercios españoles, que acompañaban a sus capitanes y les llevaban sus armas, su lanza y su escudo o rodela–, la típica forma de desfilar (“el saltico”) marcando el paso con marcialidad y música de origen militar.

En estos años de efervescencia liberal, en el primer tercio del siglo XIX, y a pesar de la guerra de la Independencia, la soldadesca de Sax, dividida en dos bandos –moros y cristianos–, supo mantener con gran pureza sus esencias más genuinas, mientras introducía las embajadas, de carácter patriótico ante la ocupación francesa.

También los trajes de las comparsas de moros y cristianos nos retrotraen a las primeras décadas del siglo XIX. Así, la comparsa de cristianos conserva el traje de los labradores acomodados –ya las ordenanzas de 1772 obligaban a que el traje de las autoridades fuese de color negro–, con el característico sombrero bicornio –asociado en la cultura popular del siglo XIX con la guerra de la Independencia–, mientras que la comparsa de moros en realidad lleva un traje “a la turca”, semejante al de los mamelucos que Goya pintó en su famoso cuadro El 2 de mayo de 1808 en Madrid, con pantalón de color rojo y chaquetilla azul.

Comparsa de Moros, 2-2-1899.

Bernardo Herrero, en su Historia de Sax, deja constancia del recuerdo de las fiestas del año 1838 en la memoria de Emilio Castelar, que las había vivido de niño: “D. Emilio Castelar, que tantas veces durante su niñez había visto en Sax las fiestas de moros y cristianos…”. De 1841 es el expediente del Archivo Municipal que cita “y los Moros y Cristianos que se hacen el día de San Blas en conmemoración de la toma del Castillo por los Sarracenos y conquista hecha por los Cristianos”.

Arcabuceros

A lo largo del siglo XIX, las fiestas de moros y cristianos levantinas se diferencian de las del resto de España y se caracterizan por la arcabucería, los desfiles o “entradas” y por la existencia de varias comparsas. La causa es el desarrollo económico, que permitió la construcción de castillos de embajadas, más comparsas con nuevos trajes, mayor número de actos festivos y mayor participación de la población en las comparsas.

En el caso de Sax, se fundaron dos nuevas comparsas en la segunda mitad del siglo XIX. Hay motivos histórico-patrióticos en el origen de la Comparsa de Marruecos en la década de 1860, tras la victoriosa guerra con Marruecos en 1859-1860. En 1874, al final del Sexenio Revolucionario, un grupo de liberales y republicanos sajeños fundaron la comparsa de Garibaldinos, en homenaje al héroe de la unificación italiana.

Y así, la fiesta fue creciendo en días y actos, pues ya en la segunda mitad del siglo XIX los festejos habían pasado de dos a cinco días, en los que la nueva sociedad liberal y burguesa intentaba conjugar la tradición de las milicias y soldadesca local, con el gusto por la pólvora, la música y el espectáculo que proporcionaban las embajadas y los desfiles. Así, los primeros programas de las fiestas de moros y cristianos de Sax, de la década de 1880, las calificaban de “función cívico-religiosa”.

Castillo de fiestas en LasGuerrillas, 1916.

Comienza el siglo XX con las mismas cuatro comparsas, en unas fiestas que se celebraban del 1 al 4 de febrero –excepto en un corto periodo en la última década del siglo XIX en que duraban cinco días, debido a la prosperidad económica derivada de la exportación de vino en el último tercio de la centuria–. Pero en 1920 se funda otra comparsa, los Turcos.

Desde 1942, las fiestas duran cinco días: del 1 al 5 de febrero. En 1965 cristalizó un bello y amistoso proyecto: el hermanamiento de Sax con la villa de Alagón (Zaragoza), patria de D. Artal, el caballero aragonés que murió en Sax en 1239, en el primer intento de conquista cristiana, guiando las tropas del vizconde de Cardona, Ramón Folch IV, y en cuyo homenaje se fundó en 1970 una nueva comparsa: los Alagoneses.

Las décadas de 1970 y 1980 dieron un espectacular impulso al crecimiento y participación de las fiestas de san Blas y, en 1973, se fundó otra comparsa, esta vez del bando moro: los Árabes Emires. La más joven de las comparsas, los Caballeros de Cardona, se creó en 1989, coincidiendo con el 750 aniversario de los hechos que tuvieron lugar en la villa en el siglo XIII.

Paje y capitana

Esos años coinciden con la plena participación de la mujer en la fiesta de moros y cristianos de Sax, en igualdad de derechos con los hombres, pues las comparsas, al inscribir a los socios tiradores no distinguen por género. También es importante destacar el papel de la mujer en los dos cargos festeros: el paje y la capitana. Históricamente, el paje de ­armas, el rodelero, llevaba las armas de su capitán. En la fiesta, el paje es una casi siempre una niña de corta edad, entre cuatro y ocho años. Y en las procesiones de arcabucería tiene un papel importante, pues con su bastón y rodela abre la comparsa dando frente al capitán, y en cada tiro dirigido hacia él, evoluciona con los pasos de danza tradicionales, que simbolizan la protección a su capitán mediante los disparos de arcabuz.

Las fiestas continúan creciendo año tras año, pues en 2017 desfilaron 2.514 festeros en la entrada del 1 de febrero, lo que supone casi el 30 por ciento del total de los habitantes de Sax, por lo que todas las familias, todo el pueblo, está vinculado de una u otra forma a estas centenarias y tradicionales celebraciones.

Vicente Vázquez Hernández

*Artículo publicado en la Aventura de la Historia, nº 232

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