En este año (787) el rey Bertirc tomó como esposa a Edburga, hija de Offa. Y en sus días llegaron los primeros tres barcos de norteños de la tierra de los bandidos. El magistrado local cabalgó hacia ellos con la intención de guiarles hacia la corte, porque no sabía quiénes eran; y allí mismo fue asesinado. Estos fueron los primeros barcos de daneses que llegaron a tierra inglesa”. Así narra la Crónica Anglosajona la primera incursión de los vikingos documentada fuera de las regiones escandinavas. Seis años después, saquearon y destruyeron el monasterio de Lindisfarne. A partir de entonces y en oleadas crecientes, verdaderas flotas guiadas por hombres del norte, dedicados en apariencia sólo al saqueo y la destrucción, se convirtieron en una maldición para los nacientes Estados medievales de Inglaterra, Francia, la Península Ibérica, el norte de África y el Mediterráneo occidental.
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